Pues ya he vuelto.
[v. 2.0 y eso...]
Categoría: Aforismos y desafueros
Pues ya termino...
...y a ver pasar los días y pasarlos ¡feliz y contento!
...aquella.
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Guardé una frase de mi buscador de citas, fue el 28 de diciembre del 2005. A ver qué publiqué, en cambio, ese día...
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La frase, no la traduzco; y la publico hoy:
The purpose of learning is growth, and our minds, unlike our bodies, can continue growing as long as we live.
Dijo Mortimer Adler.
Y yo...
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¡Foto foto foto!
Empecé.
Y seguí...
Como no quisiera pasar por amargado, se me ha ocurrido contraponer al tema de este post -la imbecilidad, la idiotez, la idiotidad; impar cualidad...-, contraponer al tema la actitud (mía) del escritor; una actitud vital relajada.
Así que pido a todo aquel que lo lea que me imagine leyendo (casi) toda la mañana, tumbado bocabajo en la cama, haciéndole monerías de vez en cuando a la perrita alcachofera, Dinah, y dando un sorbito a la enorme taza de café con leche (entera) y muuuucho azucar. Mi desayuno, en su parte material parco, pero sustancioso en lo espiritual.
Luego, me gustaría ser pensado como un ser sano - aunque azul- que hace su serie de estiramientos de después mismo de levantarse -y antes de salir al mundo-. Que emplea su paseo matinal en ir a comprar unas zapatillas que valen lo que cuestan -100 €- porque mejoran la pisada, la posición de la espalda, liberan la presión del tobillo, recolocan los huesos del empeine, se ahorman con toda facilidad y me servirán para x carreras, siendo x un número alto y las carreras, todo lo largas y urbanas que se me antoje.
Un tipo contento y feliz que come en la mejor compañía, en un restaurante sencillo, verduras totalmente naturales y contentas de ser comidas. Las verduras, a veces, somos así.
Quisiera volver a incidir en lo de los estiramientos.
Es que, con los euros ahorrados en la compra zapatillera -me han rebajado el 10%, ¡por majo! Y por pagar en efectivo...- me he hecho con un aislante sencillito, como una manta de PVC, para extender sobre el suelo y -esquivando los cariñosos lametones de Dinhita- estirarme, estirarme, estirarme y... ¡estirarme! ¡Hasta el infinito y más allá! Menudas selecciones musicales me esperan, de entre el más relajante cancionero -anoche, por ejemplo, incluyeron Screamadelica y algo de Stone Roses; hoy, epi-cureismo, Desintegración -¡en vivo! Y en vídeo o, mejor dicho, devedé- de los nudos de mi cuello...
Ayayayayayyayayy!
Nunca doy consejos aquí, pero hoy sí -aunque de forma elíptica-: doy gracias a todos los que, antes de ahora, me dijeron que estirase (de verdad). Mejor tarde que nunca, pero ¡ójala os hubiese hecho caso!
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Y, una vez puestos en situación, paso a citar el Diccionario del Diablo, de Ambrose Bierce:
IDIOTA, adj. U.t.c.s.
Personaje que penetra en el dominio de la especulación intelectual y se difunde por los canales de la actividad moral. Es omífero, omnímodo, omnipotente, omnisciente. Es el que inventó el alfabeto, la imprenta, el ferrocarril, el vapor, el teléfono, y toda la extensión y el círculo de las ciencias. Creó el patriotismo y enseño a las naciones a hacer la guerra; es el fundador de la teología, la filosofía, la ley, la medicina y Chicago. Estableció los gobiernos republicanos y monárquicos. Vive de eternidad a eternidad, y todo lo que la creación abarcó es ahora territorio de sus idioteces. Cantó sobre las colinas primitivas en la alborada de los tiempos, y en el mediodía de la existencia encabezó la procesión de los seres. Su mano de abuela está cálidamente abrigada en el crepúsculo de la civilización, y en la penumbra prepara la comida nocturna del hombre, la moralina-con-leche, y tiende la cama del sepulcro universal. Y cuando todos los demás se hayan retirado para pasar la noche del olvido eterno, él todavía seguirá despierto, escribiendo la historia de la civilización humana.
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Por supuesto, hay otra entrada además, también para Idiota, que es una palabra tan poco polisémica como realmente -y de carne; y de hueso- homónima.
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Por raro que parezca, esto que dice Bierce me recuerda una canción de Astrud -quizá no en su abisal profundidad antropológica y misantrópica; mas sí en una vertiente lúdica y chinesca, ¡oh! O más bien, japonesiana, que a mí me da por encontrar-. Ved el vídeo (si queréis, of course) que tan ferpectamente lo representa:
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El Diccionario del Diablo, qué gran libro.
Volverá por aquí, volverá.
Siempre lo hace.
...
¡Chán-chán!
Esta historieta podría quedarse sencillamente en su nudo. Podría hacer uno se aquellos Alcachoforimos con ella. Podría ahorrar palabras; caso de no hacerlo –aunque: caso omiso pienso hacer de quien me aconseje dejar de contar...-, podría cuando menos guardarme la intriga de conocer tan insigne contenido, tan gordiano nudo marinero. Podría dejar el climax de la historia para el momento del climax, es decir, la epifanía, cuando todo se revela y el niño alcachofa, que va con su mochilita llena de libros a examinarse y escuchando música de niño malo (pero tolerable: el heavy no es violencia; y el punk puede ser arte, como aprendí en Berlín, y antes), el Alcachofa escritor alumbra su idea maestra, la que da sentido al día; y la lleva de la mano y la estampa en su libreta.
Pero no voy a esperarme, primero porque lo que mucho se espera, cuando llega, decepciona –verdad que me parece estadísticamente probable, pero con la que estoy en profundo desacuerdo íntimo-; segundo, porque la idea se me ocurrió en realidad al principio (del día); y tercero, y fundamental (por inevitable), porque justo ahora –justo ahora, recién comenzado este texto, suena casualmente una canción de Subway Sect que se titula Ambition.
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24/05/06
La diferencia -¡muy importante!- entre el singular y el plural de Ambición, especialmente entre un singular indeterminado, incontable, amorfo, y un plural posible, bastante determinado, cuantificable, en todo caso, esa diferencia ¿es igualmente aplicable a Envidia?
Para justificar que esta última, bien conjugada, es el motor de la inteligencia.
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De caminito al aula de exámenes –un inmenso verdor con luz y dimensiones de hangar con sillas y mesas feas, frente al edificio que la Audiencia Nacional tiene en la zona de recintos feriales de la Casa de Campo-, un paseo de 45’ me sirvió para elaborar una completa entrevista imaginaria, a mi querido Stuart Murdoch –no confundir con Stuart David; si bien no sería la confusión más extraña ni grave que uno pueda idear-. Qué le preguntaría yo si pudiera hacerlo: todo tipo de cuestiones inéditas, en las que habría mucho de mí; una especie de nivel confesional de entrevista, donde el entrevistador se desvela para que el entrevistado se desnude, y olé; una suerte de ristra de interrogaciones –sólo de cierre, que sería en inglés-, precedidas de la más original serie de preguntas, de una originalidad casi cósmica, pues en todo el universo no se le habría planteado nada parecido al bueno de Stuart. Él, tan (gratamente) sorprendido, posiblemente me acabase pidiendo que me enrolase en su banda, escribiendo letras a cuatro manos. Mas luego, tras comprobar mi talento escénico, me pediría que me aviniese a cantar, al menos, una canción con él en cada show...
Eso.
Y demás fantasías absurdas.
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Explica Paul Auster en uno se sus ensayos autobiográficos que la mayoría de los argumentos de sus novelas se le ocurrieron cuando era joven y, a cada rato, con mil preguntas o ideas extrañas bordeaba el delirio creativo. Fantasías absurdas.
Afortunadamente supo templar aquel torrente hermoso e inútil sin perder lo valioso, las ideas. Quizá era capaz de hacer... nada, con eso entonces; no supo ni pudo hacerlo de otra manera, sólo podía intentar ensayar a apuntarlas... y pasó el tiempo. Cursó mil oficios y adquirió el suyo: aprendió mecánica, relojería, a dibujar con cuentagotas y a embriagarse de agua destilada; fue haciendo las palabras suyas, tejió una red para atrapar ideas, cambió su vida tantas veces, las necesarias hasta que -en definitiva- consiguió ajustar un mecanismo de producción de arte -al menos nunca de mala artesanía-; consiguió emoción y perfección en el estilo, aceleró lo justo y se mantuvo a ritmo. Solo en su habitación, el artista y el amanuense sólo tenían que sostener cada uno la red de un lado, echarla en uno de sus cuadernos rojos abiertos, dejarla vagar por allí, fondear, tirar con firmeza...
Y...
¿Qué le preguntaría yo a Paul Auster si pudiera hacerle una entrevista?
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Es grande la ilusión respecto a la vuelta al programa de radio. Es grande la alegría de llevar la ilusión a estas páginas que de corrido intentan dar calambre.
Es útil ir de camino a un examen de Inglés e ir haciendo entrevistas mentales en el idioma sajón, como preparación, o repaso, o lo que sea; en fin, que sienta bien: uno se dice a sí mismo que podría perfectamente radiar su programa al mundo entero y en ningún lado le afearían la gramática extranjera o la pronunciación, sin acento; al contrario. Le alabarían el buen gusto al elegir invitados y lo original, incisivo y cálido de las preguntas.
Es importante poder resumir todo eso en una idea. O si uno no puede hacerlo, por lo menos intentarlo y quedarse con lo que más se le parezca.
...lo de la Ambición...
...Ambición..
...una ambición...
...Ambiciones...
...una, dos, tres, cuatro... ...ambiciones...
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Pero no he contado nada de eso ¿no?
Sólo una frase, una deducción, una proposición de segundo grado. El producto de un generador.
El núcleo del generador, ese era el climax, lo relevante.
Lo que os iba a dejar a todos con la boca abierta.
Lo que iba a destripar, lo que iba a adelantar.
He puesto algo que se le parece, pero no es.
Y os lo he escamoteado.
...
Prefiero ¡hablar!.
Decirlo de viva voz ¡yupiii!
:-)
Palabras vestidas con el extraño lazo azul del sonido.
¿Densito, eh?
¡Feliz feliz ¿no? cumpleaños...
...a tú!
...a yo!
:-)
