¿Por qué no empezar por lo último?
Si alguno se decide a acompañarme, alguien que no tenga nada mejor que hacer y quiera aventurarse conmigo en el mundo extraño en el que las palabras dejan de ser ellas mismas para ser nosotros disfrazados de palabras. Que es el ropaje que nos permite adentrarnos sin levantar sospechas, tomar nota, aprender los nombres, crear otros nuevos, comprender, saber y –sólo al final, cuando ya no hay más peligro que el de siempre, el inevitable- ser sabidos.
Si alguno me acompaña, que empiece bebiendo de las siguientes fuentes:
-- Canónica
-- Escolar
-- Güiqui
-- ¿Güisqui
-- Antropocéntrico
-- En formato papel: La invención de la soledad e Inferno, por no andar ni a lo fuerte ni a lo flojo, sino todo lo contrario. Y, menos que nada, al término medio.
Procuro con lo anterior no pasar sed.
El objetivo: una entrada sobre EPIFANÍA. ¿Por? Vuestros comentarios.

¿Sobre mí?
Alcachofazul...
El inevitable anónimo dijo
Epifanía de Mónaco?
Epifanía, llamada Epi, jugadora de baloncesto que lleno los ochenta de... ¿triples? No, por entonces no existían los triples, al menos en Europa.
Epifanía y Blasfanía?
Existe en un lugar de España un bar de pincho tortilla y caña llamado Bar Joyce. Preguntado que fue el dueño y camarero mayor del Reino del Champiñón con Jamón, donde crecen los enanos...
- ¡Qué! Esto que es... ¿por el Ulysses?
- No, no, por el Jose y la Celia, nuestros chavales.
¿Cuándo? En 2005. ¿Dónde? En Almazán, Soria, Castilla, Castilla y León, España, Unión Europea, Europa, el Primer Mundo, el Mundo, el Universo.
Porque no es lo mismo el retrato de un artista adolescente, que el retrato adolescente de un artista.
Y hay momentos en los que uno no sabe decidirse.
28 Junio 2005 | 08:50 AM