[A la espera del post tocayo de Ratzie, quiero tomarme un instante para una seria reflexión sobre la música que, en serie, se produce sobre las baterías disparadas y angustiadas de Joy Divisón.]
- Ian en el metro de Madrid, de Londres o de Moscú -
Primero: La música de Joy Division es de otro mundo, la música producida por Hannet es de otro mundo, Ian Curtis vivía en ese otro mundo -subsuelo- donde pasa un metro a cada rato y, en el vagón, reina el vacío.
Curtis entra a duras penas en el vagón, temblando. Y sólo ve a un mendigo, medio acurrucado medio tirado en el último asiento. No se mueve, pero dice algo.
Habla con un volumen inesperadamente fuerte, un tono violento. Ian Curtis puede reconocer la voz de Mike Hannet, que le pregunta:
- ¿De qué trata tu música?
- Del abismo -contesta rapidamente Ian.
- No, no es eso. No seas grandilocuente. ¿De qué trata tu música? La sensación...
Ian Curtis se lo piensa antes de responder, desconcertado. Ve como el hombre enfrente de él se mueve y, por un instante, desvela sus rasgos: no cabe duda, es Fedor Dostoievski. Eso le da a Ian una estraña sensaciónde seguridad. Piensa "mi música trata de lo que no se ve, de lo que yo veo"; y responde:
- Mi música trata del vacío.
(Y) segundo: De camino al metro de Opera, en el escaparate de "La Casa del Jamón" hay un cartel.
Alguien le hace una foto y luego la publica en Internet.