Anglófonos de París, damas y caballeros, compatriotas norteamericanos en el exilio o de vacaciones o de las dos cosas, tengo esposa; y tiene permiso de residencia en Estados Unidos. Vivimos al lado del cementerio más hermoso del mundo.

El cementerio es el de Père-Lachaise y, paseando por él, el protagonista y su esposa, Roksana, se comportan como un matrimonio casi normal.
Pero es sólo allí. No ocurre en ninguna otra parte de París. Ni del mundo. Él va a convertir a la persa Roksana en ciudadana estadounidense. Ella -la mujer más guapa que Brian Blumenthal ha conocido- ni se digna a mirarle.
Él ya trabajaba como ponediscos en una desconocida emisora de la FM estadounidense. Ahora hace lo mismo, pero en La voix de Brouillard. El estudio está próximo a la Gare St. Lazare. Allí tiene que hablar de Los Ángeles, es lo que pide el público que escucha; a pesar de que él es de Texas.
Entre Dallas y París, ocurrió el amor y la desgracia: amor sólo por un lado. Afortunadamente, Blumenthal tiene un hermano en los Ángeles: no todo iban a ser dificultades insalvables.
En París, en la radio, además de la narración con el peor acento americano de las aventuras de Calvin -el hermano-, y de la lectura de cartas y entrada de llamadas pidiendo canciones, Blumenthal de vez en cuando tiene tiempo y ganas de dedicarle una a su Roksana; esntonces ella, educadamente, le llama, para darle las gracias por la canción. Pero nunca charlan. Ella nunca le ha dado las gracias por haberse casado con ella y haber guardado las apariencias grente a los de Inmigración. Eso sí, se ha ofrecido a pagarle. Algo que podría volvere loco a cualquiera.
Pero él no enloquece. Simplemente pone "Sister Ray" antes de salir afuera, a fumar.
Juega en la calle a agotar los surcos del disco -la canción dura diecisiete minutos- y entra siempre, justo a tiempo. O no.
Cuando en la radio se hace un silencio...
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El inspirador cuento de Michael Chabon -que continúa y que todos los lectores de la Alcachofa deberían seguir leyendo hasta el punto final-, "Les habla Blumenthal", se puede encontrar en "Un mundo modelo" -editado por Debolsillo, 8 € en el Fnac; posiblemente también disponible en alguna biblioteca pública cercana-. Libro clave (para mi) en la narrativa actual.
Echad un vistazo... hay dos enlaces, por ahí, que os llevaran (en cierto modo) hasta la obra de Chabon.
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Existía un personaje del universo daliniano, Lidia de Cadaqués, una pescadora loca del hermoso pueblecito ampurdanés, que creía... que estaba convencida de que en todas y cada una de las obras literarias de Lorca había un mensaje oculto para ella.
Inspiradora del cuadro (robado) "La miel es más dulce que la sangre", de la época putrefacta del genio superrealista catalán. Lidia de Cadaqués c'est moi!.
O no. Mejor no.
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Dalí tambien pertenece al universo de Michael Chabon -en "Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay", el libro al que os debería llevar alguno de los escapistas esos que hay ahí abajo, a vuestra derecha -izquierda en los disléxicos; arriba para los australianos-.
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Uno no debe caer en la locura. Eso está claro. Por lo menos en caso de que no le vaya a resultar rentable.
Más en serio: pero yo no puedo negar -sin mentir- que leyendo a Chabon he sentido, no pocas veces, que su obra está insporada en mí, aunque no lo esté (siempre) en mi vida.
Me refiero a que coincidimos en la forma de ver -- o quizá en la de mirar...
Él, además, tiene un tremendo talento literario.
Y lo emplea para separar las coincidencias, poner la vida en su sitio, soñar y hacer soñar, intercalar infancia y juventud, adolescencia y madurez; mezclando materiales, haciendo uso de recursos ajenos, poniendonos en pie con su originalidad.
¿La coincidencia (aquí)? El personaje de este cuento se llama Blumenthal, vive en París, hace un programa de radio, es fan de la Velvet Underground...
¿Hace falta explicar más?
Bueno, para los que no me conozcan quizá sí. Pero no voy a hacerlo ahora.
Solo añadiré que se trata de una historia muy distinta a la de Alcachofablú; pero que yo me veo ahí, sí; y a veces veo a otros, a los que quiero.
Est-ce que Blumenthal c'est moi, ou á moi?
Bien sûr, il peut-être á toi!
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Será que, después de todo, Chabon escribe del ser humano. Y será que, después después, despues de todo, la Alcachofa es dlor y planta, pero también es (o lo sueña) persona, humana, real.
Eso podría ser... ¿una coincidencia más?
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Y por úlimo...
Aquel que haya leído el inicio de este post, con el fragmento del principio del cuento y el resumen recreado de algo de lo que viene a continuación, seguramente se haya podido llevar una impresión equivocada -incluso falsa- de lo que trata el relato. Pero es que no se trataba de daros a conocer la verdad, sino de animaros a leer.
¡Ah, era eso!
Sí, sin duda. Pero quizá hace falta algo más: por si os puede ayudar a lanzaros, a descubrir el asombroso mundo de Michael Chabon, voy a copiar, de "Blumenthal", el último párrafo. Ahorándo sin embargo el disgusto de conocer el final -la última frase la tendreis que buscar vosotos-.
Ahí va:

Nos reímos. Me sorbo los mocos y me seco la naríz, y estoy a punto de pedirle consejo, el frío y desinteresado consejo francés que me preparará para el acto de rendirme ante mi mujer, cuando cambia el viento y la atolondrada nota de saxofón es arrastrada hacia el este. En la súbita ausencia de música, se me ocurre que Hervé ya me ha dicho lo que debo hacer, y que he de seguir fiel, hasta el final,(...)

Sí, hasta el final. Porque luego termina. :-)
-L'Artichoke