Fanático: aquel que es capaz de matar por una abstracción.
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Así que puedes someter a millones de seres humanos al terror y a la muerte. Pero las pinturillas de las paredes, esas sí, hay que salvarlas.
Porque es Arte.
Supongo de la Iglesia Católica bendijo a Hitler por algo. Aficiones comunes; unen mucho.
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Foto, foto, foto...
Eso sí, que nadie se entere de nada. A ver si se va a dar cuenta de qué significa en realidad: ¿hasta la victoria final?
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De abc.es - Edición Internacional.
Las diapositivas de Hitler «salvaron» el arte
Los nazis fotografiaron los frescos de edificios amenazados por las bombas, desde el Rin hasta Kaliningrado. A partir del viernes se exponen en internet
Foto: ABC «Saturno y la Verdad», fresco pintado por Luca Antonio Colombo (1661-1737)
Artículo: Guillem Sans - Servicio Especial Berlín
La orden la dio el propio Adolf Hitler, o quizá su ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, en los primeros meses de 1943. El desastre de la campaña rusa del último invierno y los primeros bombardeos a gran escala sobre ciudades alemanas no habían hecho mella en el ímpetu conquistador del régimen nazi, pero sí en la seguridad que sus líderes tenían en la victoria final. Bajo las bombas desaparecían para siempre iglesias, monasterios y castillos cuyo aspecto exterior sólo prevalecería en imágenes, la mayoría en blanco y negro, pero ¿qué iba a ser de los frescos que adornaban techos y paredes interiores de esos edificios?
Hitler y Goebbels enviaron a un «ejército» de fotógrafos a tomar instantáneas de todos los que pudieran encontrar, desde el Rin hasta Kaliningrado, en lo que hoy es Alemania, Austria, la República Checa, Polonia y Rusia. El formato escogido fue la diapositiva «Agfacolor-Neu», disponible en el mercado desde 1936, entre otros motivos porque los negativos convencionales se usaban en su mayor parte para el cine y era de temer que las existencias en una economía de guerra no alcanzaran para un proyecto de tal magnitud.
Un trabajo incompleto - Catedráticos de universidad, fotoperiodistas de la época, historiadores del arte y químicos conformaban la heterogénea cuadrilla que se encargó de tomar las instantáneas, en operaciones que coordinaba el «departamento de Bellas Artes» del ministerio de Goebbels. Los problemas logísticos derivados de la situación de guerra y la inestabilidad de las emulsiones de color utilizadas hicieron imposible a la tropa completar su trabajo. Si el avance del frente occidental les impidió llegar a regiones como Alsacia, en la frontera francesa, los nazis lograron fotografiar en Prusia Oriental (hoy Polonia y Rusia) techos y retablos policromados de iglesias rurales de las que hoy no queda ni una piedra.
El Instituto Central de Historia del Arte en Munich ha digitalizado todas las diapositivas que se conservan, casi 40.000, y cualquier internauta podrá observarlas con toda calma en la dirección www.zi.fotothek.org a partir del próximo viernes. En un momento en que se habla de digitalizar bibliotecas enteras, los historiadores alemanes difunden en la red las imágenes de un esplendor cultural europeo en buena parte irrecuperable. El proyecto es interesante sobre todo para los historiadores, que podrán reconstruir diez siglos de motivos sagrados y profanos en la pintura al fresco centroeuropea. En muchos casos dispondrán de una gran riqueza de detalles. En otros motivos, el desarrollo de la guerra impidió a los fotógrafos nazis ser todo lo exhaustivos que hubieran deseado. De Munich, por ejemplo, sólo se conservan diapositivas de las iglesias de Santa Ana y de la Trinidad. De algunos frescos sólo hay fragmentos y en muchos casos sería muy difícil reproducirlos en su totalidad.
Proyecto de alto secreto - El proyecto de Hitler y Goebbels, por supuesto, era del más alto secreto. Para un régimen convencido de hallarse en la primera década gloriosa de un Reich con vocación milenaria, suponía reconocer la capacidad de destrucción del enemigo y, en el fondo, la posibilidad de la derrota. «El Ministerio de Propaganda prohibió fotografiar el exterior de los edificios para no despertar los recelos de la población», explica Ralf Peters, del citado instituto muniqués. Además, era una empresa tan aparatosa como bien pagada por el riesgo que entrañaba para los fotógrafos y, en resumidas cuentas, una ruina para una economía concentrada en el esfuerzo bélico.
A Hitler le gustaron las primeras pruebas cuando mandó que se las presentaran en reproducciones de gran formato en papel, de modo que la tropa de fotógrafos del Führer siguió con su trabajo hasta bien entrado abril de 1945, a pocos días de la capitulación del régimen nazi.
La «victoria final» no se había producido. Alemania estaba en ruinas y el almacenamiento de las diapositivas en distintos lugares después de la guerra permitió que sobrevivieran hasta hoy. Más de la mitad de todo lo que reproducen ya no existe. Se ha perdido.