Echando un vistazo a novedades literarias que ya no lo son tanto, me llama la atención un libro sobre comic andergraun español; es decir, el comic que se hacía -principalmente en Barcelona- desde los últimos años de vida de Franco hasta que el fenómeno-movida se establece; no es que, hoy, lo que queda de El Víbora se haya aupado a las cimas de la comercialidad, a la par de Bisbal o algo así. Pero no se trata del fenómeno de entonces.
Lo que me ha llamado la atención de todo aquello, como de movimientos artísticos semejantes antes, es el empleo del feismo como mecanismo de oponerse a la cultura oficial u oficializada.
He pensado en lo duro que tiene que ser vivir pendiente de un permanente hilo de fealdad del que tirar para sacar al monstruo, para asustar a la señora del cardado en el pelo o al calvo que se ajusta el nudo de la corbata.
Fuente inagotable de pesadillas, paranoias tóxicas. Apuntado esto, pienso en Calamaro -y recuerdo que tengo pendiente escribir algo de y sobre él-.
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Ahora, que el feismo contracultural ha pasado aquella fase apocalíptica, que se encuentra perfectamente integrado como parte de lo que se vende, como parte significativa del pastel comercial, ahora uno puede oponerse a eso con la belleza.
Recuerdo que en mi Facultad todo el mundo parecía dedicado a garabatear consignas del calado profundo de "Putos Nazis", "Putos Rojos", "Como coños a domicilio, llama al...", "Te la chupo gratis, llama al... (mismo número que el anterior)", "Foza Atleti Foreber" o semejantes, en las puertas y paredes de los baños. Así que un día decidí comprarme un edding gordo, de color verde. Esto me permitió hacer repetidas veces una única anotación político-universitaria: "El Decano tiene el pelo de este color" -lo que era y, supongo, es rigurosamente cierto-; y un montón de pintadas en formato casero que yo trataba de que impactasen por la novedad de tratarse de mensajes positivos: "Viva la primavera", "Viva Albert Camús", "Que vivan los paseo a la luz de la luna" y así...
Pues bien. No sólo me borraron las del Decano ¡sino todas!
Sin embargo, la de "Como coños..." sigue luciendo impertérrita en una puerta del baño de tíos del Depto. de Derecho administrativo, lo que comprobé el día del famoso examen del DEA -ahora: Disimula tus Estertores, Alcachofa-.
De Albert Camús, en esa facultad dichosa, no queda apenas nada.
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Supongo que debió ser duro tener que hacer de lo feo una consigna, una figura con la que identificarse. Puede ser que en aquello hubiese tanta utilidad como equivocación. El caso es que fue lo que fue. Y si nos abrió puertas a los de después, es justo darle las gracias, no a aquellos heroes, sino a aquellas personas corrientes, que sacrificaron sus retinas y las retinas de sus siestas -no dormían por las noches...-, para asustar y asustarse y que, a nosotros, no nos llegasen esos terrores tan intensos.
Ahora -en muchos anuncios, vídeos, libros- el feismo es moda.
Ahora tenemos la ventaja de poder darle una vuelta peripatetiquérrima y paródica o, simplemente, encender una vela que alumbre algo. La belleza.

La belleza como arma revolucionaria.
La verdad como insulto.
La alegría como atentado.
La felicidad como utopía al alcance de la mano.
Hasta hace pocos años, toda mi ciudad era una enorme pintada. Puede que ese "comedor" que pintarrajeaba en tu facultá, estuviera verdaderamente hambriento.
las pintadas de los servicios de mi facultad eran bastante curiosos, cosas de filólogos locos, la gente insultaba con parrafadas, feas feas parrafadas.
poir cierto, "pintarrajos" es una palabra preciosa
http://www.flickr.com/photos/brocco_lee/58963287/in/set-125776/