Dos científicos reprodujeron en laboratorio el fin del mundo.
Nadie les creyó. La televisión esperaba algo apocalíptico, la gente se temía algo aterrador.
Nada.
Así que, tristemente y dedicados a otras labores, ciertamente grises, fueron pasando lo años.
Los científicos murieron de viejos, más o menos al tiempo.
En su lecho de muerte, preguntados por su "gran descubrimiento", acertaron a decir: eso era esto, nos referíamos precísamente a esto...
Y ese fue el final.
El silencio.
Nada.