Dice Monterroso, al principio de uno de sus maravillosos libros maravillosos -maravillosos catálogos de maravillas-:
LA VIDA no es un ensayo, aunque tratemos muchas cosas; no es un cuento, aunque inventemos muchas cosas; no es un poema, aunque soñemos muchas cosas. El ensayo del cuento del poema de la vida es un movimiento perpetuo; eso es, un movimiento perpetuo.

¿Sobre mí?
Alcachofazul...
Si me miraras ahora verías una reverencia contínua y perpetua dirigida hacia Monterroso y a cualquiera que me lo recuerde.
Él sabía lo que se hacía. y no era el único.
La vida se mueve aunque nos empeñemos en quedarnos parados, como si fuésemos niños, apretando los puños, plantados en este baldosín de la calle.
Quieras o no quieras, te mueves.