Carlos escribe Swibel. Claro.
Carlos abre un ojo y ve.
Swibel es lo pequeño, lo infra-ordinario -G. Perec dijo-. Imágenes maravillosas, algunas sacadas directamente de la parte realizable de las fantasías de un loco o de un niño.
Carlos abre los ojos y nosotros vemos.
Otras veces, plasmaciones directas de los sueños imposibles de un científico, de una lingüista, de un artista, de la matemática veloz y el viajero más lento.
Swibel abre sus pequeños ojos y nos enseña el mundo inmenso y hermoso de Carlos.
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Leer es, además, soñar.
Leer y ver a Swibel y con Swibel es un bálsamo; no contra nada, sino frente al desgaste, frente a la infelicidad.
Swibel, Carlos: minúsculos momentos de los que apararecen y, parece, lo hacen para quedarse. Que durarán siempre. La felicidad.
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Son momentos en los que fuimos felices, que cuando ocurrieron parecía que durarían ya siempre, que serían eternos, invariablemente felices, inagotablemente felices. El tiempo se suspendió. Logramos la plenitud.
Aunque luego supimos que no
Por eso Swibel -el blog- no evita un ápice de melancolía.
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Porque una vez que uno aprende que fue feliz y dejó de serlo, y volvió a serlo y ahora tal vez ya no, pero mañana sí, y luego no, y luego volverá sí, y no, y... entonces, cada vez que uno es feliz y lo es plenamente, sin el tiempo ni el espacio alrededor y -parece- es para siempre, es feliz; eso es.
Pero a la vez algo -sin saber qué, sin saber cómo, casi en silencio- le recuerda que recuerda algo dentro de él.
Recuerda que así fue otras veces y que acabó. Y que no por eso fue peor.
Fue, símplemente.
Esa sensación -cuando se hace actual; aunque no se sepa- se llama melancolía.
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Y uno es feliz leyendo a Carlos, leyendo a Swibel.
Porque ¿no es hermoso? ¿no nos hace felices ver el mundo por sus ojos?
Pues que dure mucho, mucho, mucho...
-Swibel-
(Gracias)
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[-Al. ;-)]