Anoche volví tarde a casa, tuve una cena y un rato, después, de ocupación social de un bar, justo frente a mi casa. Pero no voy a hablar de lo curioso que es retirarse justo cuando llega el momento de hacerlo y tardar, exactamente, cuarenta y cinco segundos en llegar, llave en mano, al portal; subir las escaleras en aproximadamente medio minuto, abrir la puerta, pasar, echar la llave y, en no más de un minuto y medio, haber echado la ropa con olor a chuletón al cesto y lanzarse en plancha al lecho y, claro... no poder dormir.
Así que esta mañana he amanecido tardísimo. Y anoche me dejé la persiana y las cortinas sin echar. Llevo desde que ha salido el sol hasta hace un momento elucubrando en un duermevela raro, entresacando de los sueños las estampas y los conceptos más curioso, ideas bizarras y personas indeseables se me han cruzado por el camino esta noche, no he tenido miedo pero, quién sabe... quizá me estaban pidiendo que lo escribiese todo.
Aunque todo no podrá ser escrito. Contaba Dalí que él, para componer sus cuadros sobre los sueños, necesitaba que el recuerdo de los mismo estuviese absolutamente fresco. Así que hacía uso de un método infalible: se sentaba con un plato sobre las rodillas y una daga entre las manos; esperaba, con la espalda bien recta –se puede dormir así; los japoneses se echan la siesta de esa forma- a que el sueño llegara y, cuando estaba en su punto álgido, cuando le invadía una revelación o se le aparecía una imagen cuasiepifánica, soltaba entre estertores el espadín, que hacía añicos la loza y, ese ruido, despertaba de súbito al genio, que salía raudo a fijar lo alumbrado en un lienzo o un papel.
Yo, simplemente, estaba tirado sobre la cama, medio torcido por no haber retirado de mi derecha el ordenador en el que no conseguí escribir nada anoche y un montón de papeles, que ojee, que quedaron a mi izquierda. No obstante lo raro de la postura y lo limitado de mi capacidad de movimiento, me he levantado descansado, o quizá sólo divertido.
He soñado con perros, con mi trabajo, con un bar, con un despertador con forma de teléfono móvil que, en lugar de levantarme, me acuna con Bach; con Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb , pero recordando sólo su traducción ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú; he soñado con hormigas, por supuesto; y con Henry Kissinger. He jugado entero el partido que tendré que volver a jugar esta tarde –sólo que esta tarde sudaré detrás de un balón, y en el sueño simplemente consistía en servir raciones de sopa de calabaza y señalar a los demás que se la debían comer toda porque “no sólo es muy nutritiva, también muy digestiva”. Volví durante un rato a la exposición que había visitado por la tarde, pero en lugar de fotos de la España de los años 30, todo estaba lleno de fotos de mi familia –en las que también salía nuestra mascota, sonriente- así que yo tenía que volver al guardarropa y pedir que me dejasen un momento la mochila, para sacar el cuadernillo y la pluma y, cuando lo tenía, esta no pintaba pero yo no podía dejar de escribir. Era consciente durante todo el tiempo de que estaba soñando, de que la luz del día me iba a despertar (o no) pero, desde luego, si hacía un par de movimientos aun sigilosos, si levantaba mi cabeza de la almohada, todo se iría de golpe, lo olvidaría todo. Estaba soñando que vivía rodeado de perros, que no tenía ningún gato por mascota y, entonces, aparecía Henry Kissinger, justo cuando a mí me tocaba bajar a trabajar, así que no tenía más remedio que dejarlo en mi habitación con los perros y cerrar la puerta por fuera; ya le buscaría una solución a todo aquello cuando volviera a casa por la noche. Aunque tenía que trabajar, ese mismo tiempo de la tarde debía decir si quería emplearlo en nadar, en salir a correr, en jugar un partido de fútbol; las tres cosas me apetecían mucho, y las tres lo mismo, pero me decantaba por el fútbol porque, a día de hoy, resulta más inhabitual. Así que, mientras estaba dando llaves y enseñando el gimnasio, repartía sopa de calabaza de un lado al otro, por el césped artificial. En el gimnasio hablaba con mi guapa amiga y trataba de explicarle la situación en conjunto –aunque a mí no me gusta nada hablar de lo que sueño; además, nunca recuerdo lo que sueño- pero es que ella ¡no me escuchaba! Llegaba estresada de trabajar en la FNAC y claro, sólo me escucharía a cambio de galletas, y yo no tenía en aquel momento. Seguro que me las había dejado arriba, seguro que ahora mismo un premio Nobel de la paz (sssupermerecido) se las estaría quitando a mis queridos perritos. Así que la noche acabó en el bar, un bar rojizo, o quizá fueran dos. Pero bueno, si lo anterior es un rollo, esta parte del sueño es casi deliberadamente aburrida, me la salto, quiero llegar a la moraleja.
Si algo he aprendido entre anoche y esta mañana es que, si te acuestas tarde, dejar la persiana subida es provocarte una extraña vivencia onírica, más propia de una siesta al sol, de la que puedes quizá sacar una enseñanza. Siento haber tenido que compartirla, pero es que he aprendido, sí, algo importante, sé un poco más de mi mismo: si tuviera perros como mascotas, nunca les cortaría las orejas, ni el rabo y, desde luego, tuviera perros o gatos, nunca los caparía. Pero si tuviese a Henry Kissinger de mascota, sí.
Pues eso.

p.d.: ¿Alguien puede conseguirme un collar antipulgas tamaño ex-Secretario de Estado? ¿Y unas tijeras "de esas", de las que parecen una podadorita?
Gracias :-)

¿Sobre mí?
Alcachofazul...
plas plas plas!
gracias por abrir esa ventana.
Había escrito un comentario muy chulo, cuando la página se ha recargado por el morro y he perdido todo.
Ah, los sueños. Si yo hiciera lo de Dalí...
contaba Hernán Casciari, en su blog orsai, como tenía por costumbre escribir las cosas que soñaba, el mejor relato del mundo, el futuro pulitzer, la historia más interesante de su vida, escribía cosas como:
viajábamos tren,
a una vieja le habian robado el laudo,
después estábamos en suipacha
y la vieja era un perro.
yo descubro que el perro no estaba en el tren
entonces el laudo aparece
¡todo cierra!
(también estaba calamaro.)
Y claro, luego no se enteraba de nada, pero una buena colección de haikus si que tiene.
Interesante coincidencia entre los perros oníricos de ambos.
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el enlace de orsai...
http://orsai.bitacoras.com/archives/000705.php
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Me ha gustado mucho tu sueño.
CDC
Y aun así, cuando estás despierto, la vida es mucho más extraña todavía...
Hay sueños dulces, sueños negros, sueños helados, hay sueños terribles, sueños sanos, sueños ciegos... lo bueno de los sueños es que siempre están llenos de palabras que desentrañar.
Me gustóy estoy buscando el collar.
Besos
Yo estoy pensando en llevarme un cuaderno a la mesita de noche y apuntar lo que sueñe en el momento de despertar... aunque debe ser jodido, todo es acostumbrarse. Yo creo que es interesante desvelarlos, quizá en público no sea lo más adecuado.
Siempre he pensado que los mejores sueños, no de descanso, son los que ocurren en la duermevela. Uno es cuasi consciente de que puede variar el sueño a su antojo... y también, como dices, es muy consciente de la fragilidad del momento, que el más leve cambio puede destruir la maravilla que nuestra mente ha creado.
...octubre-2005-">Hoy también he soñado con hormigas que trabajaban sin parar.
He soñado con hormigas, por supuesto.
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