CERO.- Empiezo el día con ganas de aprovecharlo.
[pre-p.d.: Hay una parte del título que no ha cabido: "(...) o, símplemnte, ESTO."]
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UNO.- Ayer me compré un nuevo despertador que, si bien me ha abierto los ojos, yo he tenido que volver a cerrarlos. Así que me he levantado tan tarde como era de esperar y con esa clásica sensación culpable por dormir más de la cuenta y restarle horas de actividad al día. Sueño... ¿quizá el exceso de azucar de estas fiestas me mantiene ingrávido y atontado? ¡Despertadooor!

Bien. Bien, bien, bien. Cambio de tercio. ¿O no?

Es que no quiero perder el resto del tiempo del día de la vida, así que tengo que organizarme y para ello aprovecho este momento.
...
En lo que se refiere al blog, ayer por la noche pensé en escribir un relato en el que, alegóricamente, un muchacho de más 30 que 20 años, que daba las gracias a Dios por haberle permitido seguir creciendo y no mantenerle adolescente.
Porque era consciente que, de haberlo hecho, una cena familiar como la de esa noche lo hubiese llevado a la tumba en la que se revuelve Kurt Cobain y de la que Billy Corgan lleva años escapando a base de subidones, bajones y mucho grito con guitarra o con sintetizador -ahora-.
En aquellos momentos, el Eterno Retorno cobraba todo su sentido, las radios de todo el país se confabulaban contra la inteligencia -la tele, afortunadamente, había sido abolida-, los dulces de navidad por fortuna o por desgracia ya no se fabicaban con cicuta, Marquee Moon sonaba a miliún kilómetros de distancia y, por desgracia, yo no estaba allí.
Y bueno, acto seguido, las palabras parecieron ordenarse en mi cabeza. Pero esta mañana descubrí que no tanto, o no tanto como yo creía. Y en mi corazón, o en mi espalda, algo latiente se revolvía buscando recuerdos; no: buscando todo lo que no fueran recuerdos.
Así que la música y envolver los últimos regalos ha sido el bálsamo. Uno se merece tener paciencia con uno mismo y aprender de los momentos de reajuste. A eso de las 12:00 horas yo ya parecía haber sintonizado, otra vez, de nuevo y -aunque no para siempre, sí con la sensación de ser para siempre- con algo bueno. Con la vida, digamos, con mi circunstancia aseada y peinada sin exageraciones. En el espejo un tipo me decía: un texto críptico te ayudará.
- Pero he prometido no hacerlo.
- Hoy es Navidad.
- ¿Y eso supone que puedo romper mi promesa?
- Tú sabrás.
No me había dejado nada nada claro -viva la doble negación castellana; aquí triple- así que decidí probar por probar.
Después de tres tarjetas navideñas para acompañar los regalos de mis padres, de mi hermana y de una amiga, lo siguiente que escribí fue un relato hecho trizas, pero trizas puestas en orden o por orden, en columna o por filas, quién sabe. Y luego esto.
El tipo del espejo me conoce. Lo siento por vosotros, si estais haciendo un esfuerzo por entender algo aquí. Pido disculpas.
Pero es que, a veces -si no te gustan las navidades y además te pareces tanto a mí que usas mi mismo número de zapatillas Nike Structure para correr- tienes la necesidad de jugar con las palabras. Y luego comprobar que... ¡te sientes mejor!
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DOS.- ¿Será este post una consecuencia de estar leyendo ayer durante un buen rato y rodeado de ruído las Biblias Cyberpunk Traducidas? ¿O la salsa de la pepitoria de la cena?
Cambio, corto, cambio-cambio; cambio automático...

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y CERO-DOS.- ¿Será este post una forma de recordarme que tengo que bajar a correr? ¿O sólo publicidad (no)encubierta de Nike?
Por cierto, son unas zapatillas magníficas.

Y vosotros... magníficos también -posíblemente, más que las zapatillas-. Gracias por estar ahí.
[ahorasí-p.d.: Y tú, Al, hala, ¡a correr!]