He salido un momento del trabajo para comprar algo en el supermercado. A la vuelta he reparado en un extraño personaje. Con una apariencia normal, la actividad a la que se dedicaba con una mezcla de atención y malestar era de lo más extraño, quizá el trabajo más extraño que he visto realizar: de dos tiras de papel que llevaba arrastrando por el suelo, que iban volviéndose cada vez más y más grandes a su paso, alargándose y blanqueándose sobre las baldosas más bien sucias de mi calle, él iba despegando pequeños adhesivos de color amarillo y de color azul, con letras del color inverso que decían Cerrajero Express y el número de teléfono.
Hay miles de etiquetas como esas pegadas en los cierres de los garajes y las tiendas de la mayoría de los barrios de Madrid. El hombre de este mediodía iba pegando sus adhesivos junto a la cerraduras de los toldos metálicos de mi calle. Será que parte importante del negocio de su cerrajería, y de muchas otras como la suya, será abrir esas cerradoras cuando a los propietarios se les queda media llave dentro o, simplemente, las pierden por entero. El toldo debe alzarse y el negocio debe continuar.
He pensado si ese señor sería parte de un gran negocio de emplazamiento de pegatinas en el lugar adecuado, a sueldo para algún emporio cerrajerial; quizá se trate de un cerrajero que echa sus horas extra en aquellos rentables y algo tristes menesteres.

Mi opinión es que se trata de un cerrajero autónomo, un freelance de las cerraduras, los anclajes de puente sencillo y reforzado y los candados con mecanismo simple, doble, triple y hasta cuádruple. Actividad romántica. La legalidad bordeando el delito. Y él, un tipo que camina a un ritmo incierto pero con paso constante, cariacontecido pero sobrepuesto a lo desasosegante que le resulta su tarea; se va enfrentando a las circunstancias: nunca debe parar, siempre debe seguir despegando pegatinas de la tira azul y pegándolas, luego de la tira amarilla y pegándolas, haciendo más largas las tiras, que se quedan blancas, dejando su rastro en el suelo y junto a los cierres, seguir y seguir andando... ¡hasta que suena el móvil! ¡¡¡Bip-bip-bip!!!
Una pegatina, que se quedó adherida junto a un cochambroso candado de doble anclaje ha hecho su efecto: ¡necesito que vengan, rápido, que esto no puede estar cerrado, me tienen que quitar el candado de mierda este, que se ha quedado con media llave!
El pegatinero aparca esa tarea adhesiva, apunta en su libreta el lugar exacto en que se quedó; asume de inmediato el papel de uno de los cerrajeros de su empresa –uno, que siempre es él; la empresa, que sólo es él-, cambio de rol que sella con un protocolario corte de la cinta que colgaba sin pegatinas, que llegaba ya casi hasta la esquina opuesta de la manzana. Se sube a la moto, arranca. Y va a la busca del sustento.
A veces esto ocurre a horas intempestivas, cuando abren los primeros comercios, los hornos de pan, las churrerías... siempre tiene el cerrajero-pegatinero que estar preparado. Muchas veces, incluso a esas horas, el negocio, su trabajo extraño, le encuentra despierto y en la calle, andando y pegando... no es por ponerme barojiano pero vaya, ese tipo que he visto hoy es de los que luchan por la vida. La gente honrada.
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¿Sobre mí?
Alcachofazul...
Tampoco soy un paseante de suelas rotas que conozca Madrid a la perfección, pero de todas las calles que conozco, esa es la que más pegatinas de cerrajeros tiene. O viven todos muy cerca o esa calle tiene una maldicion. je, je.
...c227696">ni la noche ni el día eran importantes
pasaban rápidas las horas dejando su rastro en el suelo
Como dijo San Ramón Gómez de la Serna:
"Un cerrajero es un hacker bueno en el internet de las puertas cerradas".
Me estuve imaginando, que la empresa tiene un empleado, que pasa por las noches poniendo pedacitos de fósforos en los candados.
Un empleado que es él mismo, pero vestido con ropa oscura.
travesuras.com
En Matrix Reloaded, (que no me gustó mucho) el personaje del Cerrajero encarnaba el propósito final... cuando entrega la llave que dedicó toda su vida a producir, entonces muere... me pareció un personaje y una metáfora maravillosa.
Besos
También dice San Ramón...
"Las puertas con candado sacan la lengua a los niños sin llave"
Gran oficio me parece también el del hombre de la imprenta que se dedica a colocar las pegatinas en la tira de papel amarillo.
hoy buenos hombres que se dedican a quitar esas pegatinas tan coloridas, y vuelta a empezar, y vuelta a empezar... y siempre después de la llamada de auxilio, hay otra llamada que limpiar o arrancar esa sucia pegatina que ya no sirve.
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A eso le digo ojos abiertos.
Hace unas semanas, tomé lo que acá llamamos remise...es un taxi, pero en vez de agarrarlos en la calle, lo llamás por telefonillo.
Poco más de una hora hasta mi casa paterna.
Y en ese poco más de una hora, el Señor que conducía, me dibujó claramente con su historia, el croquis exacto de lo que es una Vida feliz.
Muy a lo "Conduciendo a Miss Daisy".
Podemos pensar que quizás la luchan...a la Vida.
Y si. En un punto la luchan. La combaten. Pero con unas ganas...
Y con tantas sonrisas...
Si eso es lucharla, ojalá algún día pueda combatir de esa manera.
Me produce gran envidia esa habilidad profesional, un trabajo en el que no se deja nunca de aprender.
¿Y a qué no viste al mago de la lotería soplándole su suerte al oído?
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