pero tarde, muy tarde ya para el pensamiento
si veloz ilumina
esta árida extensión de la noche,
este manso terreno donde el girasol
se despereza, se astilla, se equivoca.

Estas son las primeras palabras que leí de Abraham Grajera.
El poema se llama Estrella Fugaz.
Es la primera parte de una recomendación que necesitaba hacer antes de que termine el día. Quizá sólo como excusa para volver a abrir ese precioso regalo, justo por la página que está marcada para siempre y, además, señalada; por el esqueleto vivo y transparente de una hoja lanceolada, preciosa.
Precioso regalo. Adiós a la época de los grandes caracteres, primer libro de poemas de Grajera. Primera huella suya en esta página.
¿He conseguido transladar algo de misterio? Con un poco me conformo -ha habido poco tiempo hoy-.
Mañana, más.
Es un libro que he empezado a leer. Pero, desde luego es un libro que no he terminado.
Mañana, más.
Es un libro -tengo esa buena impresión- de los que no se acaban.
¿Y entonces? Mañana...
Más, mañanamás.