En muchas ocasiones, cuando estoy estudiando, se me pasan ideas livianas por la cabeza. Es el problema (y la ventaja) de tener que estar a dos cosas -pero no a dos voces, que eso no me sale- como forma normal de enterarse de una y otra. Qué os voy a contar: las alcachofas azules y sus problemas de atención.
La gran suerte es que así, cuando se trata de estudiar algo tan aburrido como lo que tengo hoy entre manos, puedo abandonar mi habitual línea de pensamiento -conformada últimamente por notas mentales al margen de ciertos párrafos de obras diversas de Boris Vian o bien por notas al pie o como cabecera de afotos hechas con el móvil- y hacer lo que realmente me gusta y se me da bien: dedicarme a los chistes malos.
Como no hace mucho me decía alguien, mi afición por los chistes malos es una de mis cartas de presentación, de mis tarjetas de presentación, de mis tajadas de presentación... esos maravillosos chistes que comienzan comienzan con "Va un borracho y..." -siempre guardando las formas y el debido respeto: dicho sea "borracho" y demás palabras que podrían resultar ofensivas, con un conveniente acento "andalú" -más bien sevillano y, en general, poco logrado- o el siempre socorrido pseudoacento de Chiquito de la Calzada.
Me acabo de dar cuenta de que no había nombrado aún a Chiquito de la Calzada en un blog de tan intensa impronta cultural como este, vaya...
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Hoy he tenido la suerte de que se hayan juntado, en los ojos, los "phrasal verbs"; y en la cabeza, campando a sus anchas por mis neuronas, dos pedazo de chistes malos que no puedo guardar para mí por más tiempo, sino que quiero compartirlos con vosotros, que me leeis y os lo mereceis; a saber:

1) Había una vez una ollita que de mayor no quería ser olla, que no quería y no quería se olla. Pero las otras ollas le insistieron y le insistieron, y le presionaron y le presionaron. Tanto le presionaron a la ollita para que de mayor fuese una olla, tanto tanto tanto le presionaron... que acabó siendo una olla a presión.
y 2) Había una vez un hombre tan tan tan, pero tan tan tan... que se creía campana.

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En fin: placeres inconfesables... a vosotros confesados.