Esta mañana he hecho una pausa para ir al supermercado y comprar litros y litros de agua mineral.
Antes de salir de casa me he dedicado a barrer y fregar bien mi cuarto.
Mientras fregaba, me he acordado de cómo el soldado raso Daniel Pennac se pedía para él la tarea que ninguno de sus compañeros quería: la tarea de letrinas -limpiar los baños del campamento-; porque así se le asignaban dos horas y media de labor que él aprovechaba. La primera media hora, para limpiar todo rápido y bien; las dos horas restantes, para leer, leer y leer sin ser molestado por nadie. Luego -años después- lo puso todo por escrito, en Como una Novela.
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Me he acordado de cuando, en la empresa en la que trabajaba antes, te enviaban a algún recado al que había que ir andando bajo el Sol, veraniego como el de esta primavera. Y nadie quería. Menos yo.
Yo siempre iba a presentar papeles a alguna dependencia oficial a media hora de distancia. Y claro, no me quedé en la empresa cuando se terminó mi beca; claro que ninguno de los que no iba se quedó tampoco.
Y yo mientras, pude atesorar paseos al Sol, escuchando mi música, pensando en Pennac o, quizá, anticipándome al día de hoy en el que, si tuviera que salir en dirección a la ONLAE, o a la OEPM o a alguna oficina bancaria o cualquier otro sitio, me acompañaría esta canción...
La misma que me ha acompañado hoy en mi sinestesia kineticofregona.
¡Bien!
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Y ahora, sigo en mis libros. Esta tarde me examino.
;-)

Mucha suerte con los exámenes, ojalá que su excelencia tenga suerte -como no puede ser de otra manera- y se manifieste, en forma comentarial y no solo postal, por ejemplo vacilándose de este hábil y laboralmente arriesgado comment.