Como no quisiera pasar por amargado, se me ha ocurrido contraponer al tema de este post -la imbecilidad, la idiotez, la idiotidad; impar cualidad...-, contraponer al tema la actitud (mía) del escritor; una actitud vital relajada.
Así que pido a todo aquel que lo lea que me imagine leyendo (casi) toda la mañana, tumbado bocabajo en la cama, haciéndole monerías de vez en cuando a la perrita alcachofera, Dinah, y dando un sorbito a la enorme taza de café con leche (entera) y muuuucho azucar. Mi desayuno, en su parte material parco, pero sustancioso en lo espiritual.
Luego, me gustaría ser pensado como un ser sano - aunque azul- que hace su serie de estiramientos de después mismo de levantarse -y antes de salir al mundo-. Que emplea su paseo matinal en ir a comprar unas zapatillas que valen lo que cuestan -100 €- porque mejoran la pisada, la posición de la espalda, liberan la presión del tobillo, recolocan los huesos del empeine, se ahorman con toda facilidad y me servirán para x carreras, siendo x un número alto y las carreras, todo lo largas y urbanas que se me antoje.
Un tipo contento y feliz que come en la mejor compañía, en un restaurante sencillo, verduras totalmente naturales y contentas de ser comidas. Las verduras, a veces, somos así.
Quisiera volver a incidir en lo de los estiramientos.
Es que, con los euros ahorrados en la compra zapatillera -me han rebajado el 10%, ¡por majo! Y por pagar en efectivo...- me he hecho con un aislante sencillito, como una manta de PVC, para extender sobre el suelo y -esquivando los cariñosos lametones de Dinhita- estirarme, estirarme, estirarme y... ¡estirarme! ¡Hasta el infinito y más allá! Menudas selecciones musicales me esperan, de entre el más relajante cancionero -anoche, por ejemplo, incluyeron Screamadelica y algo de Stone Roses; hoy, epi-cureismo, Desintegración -¡en vivo! Y en vídeo o, mejor dicho, devedé- de los nudos de mi cuello...
Ayayayayayyayayy!
Nunca doy consejos aquí, pero hoy sí -aunque de forma elíptica-: doy gracias a todos los que, antes de ahora, me dijeron que estirase (de verdad). Mejor tarde que nunca, pero ¡ójala os hubiese hecho caso!
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Y, una vez puestos en situación, paso a citar el Diccionario del Diablo, de Ambrose Bierce:
IDIOTA, adj. U.t.c.s.
Personaje que penetra en el dominio de la especulación intelectual y se difunde por los canales de la actividad moral. Es omífero, omnímodo, omnipotente, omnisciente. Es el que inventó el alfabeto, la imprenta, el ferrocarril, el vapor, el teléfono, y toda la extensión y el círculo de las ciencias. Creó el patriotismo y enseño a las naciones a hacer la guerra; es el fundador de la teología, la filosofía, la ley, la medicina y Chicago. Estableció los gobiernos republicanos y monárquicos. Vive de eternidad a eternidad, y todo lo que la creación abarcó es ahora territorio de sus idioteces. Cantó sobre las colinas primitivas en la alborada de los tiempos, y en el mediodía de la existencia encabezó la procesión de los seres. Su mano de abuela está cálidamente abrigada en el crepúsculo de la civilización, y en la penumbra prepara la comida nocturna del hombre, la moralina-con-leche, y tiende la cama del sepulcro universal. Y cuando todos los demás se hayan retirado para pasar la noche del olvido eterno, él todavía seguirá despierto, escribiendo la historia de la civilización humana.
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Por supuesto, hay otra entrada además, también para Idiota, que es una palabra tan poco polisémica como realmente -y de carne; y de hueso- homónima.
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Por raro que parezca, esto que dice Bierce me recuerda una canción de Astrud -quizá no en su abisal profundidad antropológica y misantrópica; mas sí en una vertiente lúdica y chinesca, ¡oh! O más bien, japonesiana, que a mí me da por encontrar-. Ved el vídeo (si queréis, of course) que tan ferpectamente lo representa:
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El Diccionario del Diablo, qué gran libro.
Volverá por aquí, volverá.
Siempre lo hace.
...
¡Chán-chán!

De un tiempo a esta parte me topo irremediablemente con Bierce. Pero el diccionario continua huyendo, no termino de dar con el. Mecachis.
Si, El Bierzo debe ser precioso, todo verde...