Ayer, trabajo y minipost.
Hoy, todo el esplendor de un montón de palabras así, todas seguidas.

Y la vida cotidiana. Y la vida cotidiana en tiempo de mundiales.
Y, y, y...
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Creo que la reiterada noticia de la gloriosa noche de fútbol ayer mutiló la creciente capacidad regenerativa de mis axones. Lo que, dicho mucho más sencillo, supone que me quedé bastante atontaillo de escuchar el resultado del partidillo en cuestión.
- ¡Al final ganamos 3-1!
- Sin duda lo hicimos...
Cosas como estas, rerrepetidas hasta la saciedad, dejanle a uno agilipollaceo total.
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Esto era yo.
Que tenía una amplia lista de temas volátiles -se han probado volátiles- para arrojar sobre el teclado, todo un batiburrillo sin demasiada cohesión, salvo -claro está- que yo te caiga bien y te apetezca leer lo que escribo.
Esto es que...
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Esta mañana, escuchando uno de los recomendabilísimos podcast de Elena Cabrera -Dancing Podcast, si lo buscas diréctamente en tu iTunes-, pensaba en el sentido, tono y tema o contenido que le daría yo a mi hipotético futuro como locutor podcastiano; ese futuro podcastible ¿hacia dónde se dirigiría? Y sobre todo ¿a quién dirigiría yo mis chispeantes idéas de buena mañana, las estrelladas y explosivas revoluciones de medianoche y los paisajes sonoros del entretanto?
Pues a tí, claro está; si es que la frase anterior no te ha producido espasmos y/o urticaria.
Es decir: sería yo hablando de mis cosillas, así, entre nosotros. Si te caígo bien, me escuchas; si te interesa lo que cuento, tengo más posibilidades de caerte bien. Si ninguna de las opciones anteriores es la correcta, mejor no seguir buscando una tercera opción, o vía, y pulsar directamente el botón de stop.
En fin, que en el primer podcast Dancing se ofrecían extractos de un coloquio sobre la película American Splendor -uno de mis inminentes alquileres deuvedísticos-, a cuyo protagonista real, Harvey Pekar, la propia Elena Cabrera había entrevistado recientemente.
Uno de los puntos de debate era si la película -que todos calificaban de buena-, no se vería lastrada comercialmente por ser un híbrido de cine (y lenguaje cinematográfico) y del comic original (y lenguaje... de historieta).
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Comoquiera que uno de esos temas bloqueados a base de goles de Fernando Torres y el reconcentrado de Raúl -y de su inacabable eco mediático e interpersonal-gimnástico-, no era sino el de mi floración primaveral (ya casi veraniega) en forma de crisantemo casero ojival que ve cine en casa -y por fotuna, acompañado; y muy bien :-)- y no puede reprimir abrir la bocaza :-D y opinar (como si alguien le hubiera dado vela en entierro alguno), me parece que una digna forma de recuperar parte de lo perdido es afirmando unas pocas notas que se me han ocurrido a base de ponerme gafas, apretar la ceja por su punto medio y tratar de centrarme en el movimiento del universo, que yo intuyo ondulante y (estos días) más bien acelerao, como un tiro de puntera total o, como me gusta llamarlo, chupinazo. Ejem.
Vamos allá...
1.- El tono de una historia, en cine, se obtiene fundamentalmente del ritmo de la película.
2.- Un ritmo lento no es un ritmo pausado. Un ritmo lento es demasiado lento y la acción se diluye en él, y los diálogos hacen ecos huecos, y la conversación con el espectador se entorpece. Y nos dormimos.
3.- Un final abierto es bueno cuando, en la mismo película, un final cerrado hubiese sido malo. Y viceversa.
4.- Yo no quiero ver la mejor película posible con determinados elementos. Yo quiero ver la película perfecta... ¡que cambien los elementos! Pero yo no quiero ser tan tonto de pedir peras al peral, así que me conformo con todas esas samaras que los perales suelen dar cuando fingen ser olmos, o bien...
5.- Me he liado en el punto cuatro. Así es como llego a lo mismo de antes. Este post puede muy bien ser calificado de infumable. Y sin embargo, puede hasta que tenga sus partidarios. Así es como llego a demostrar ¡¡nada!! Pero parece que me acerco un poco a la prueba de que cada cosa tiene su público, lo malo es cuando algo no lo encuentra ni por asomo.
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[¿Es qué nunca voy a terminar de escribir este post?]
Buena pregunta.
Ayer afirmaba que la escritura y publicación de este articulillo estaba siendo de lo más azarosa. Aventuraba una conspiración contra mí, como autor reputado, difusor infundido de ciencia infusa y propiedades medicinales (en infusión), y demás -todo eso que me caracteriza, vamos-; hoy sé que no es eso: debe de ser una maldición...
Así que decido retocar un poco el muy básico formato del texto. Añado imágenes. Me dispongo a darlo por cerrado -que no terminado; mañana lo leeré y podré (y deberé) preguntarme ¿pero, qué he hecho!-...
Cuando me vuelve a rondar lo del público al que se dirige.
Al público digiriente.
Y para que sea más digerible, digestivo, o -yo aún diría más- más que medianamente atractivo, muy interesante y atractivérrimo, añado como colofón una foto de dos piernas que muy bien escriben, presentan y regalan música y buenas ideas...

(...y mañana le escribo un commentario en su weblog a Elena Cabrera, que no sabe nada de esto; y le pregunto dónde le ingreso los royalties que le debo:-)

¿Sobre mí?
Alcachofazul...
rediós, usté vuelve y yo con estas ramas! ains!!!
oiga, podía invitarme a un algo alcojólico una noche en q su adorada elena c pinche en el luke soy tu padre ;)
Yo todo lo que sé de cine lo aprendí leyendo tu "sobre mi" cuando aparecía lo de Theo Angelopoulos, desde entonces me entró una gran curiosidad por ese mundo en dos dimensiones, lleno de silencios y de belleza.
El furbol, como si lo prohiben mañana mismo, me la pela de una manera casi antipatriótica.
Joder macho... Supongo que quien haya leido Ulises de Joyce degustará por completo este post. Yo por si acaso, me lo uelvo a leer, a ver si me entran ganas de leerme el librejo.
Vaya, ya decía yo. Brocco, amigo de Buffy, amigo mío. Si es que todo cuadra ;)
Ya sé, ya sé que me pongo pelín pesada, pero es que, señor alcachofa, me sigue encantando usted :)
Besitos.
Cristina.
Qu maleducada soy. Hgo acuse de lectura... das despus!
Gracias! Muy honrada.