Cuando uno deja durante un tiempo de publicar aquí, de comentar, de leer a otros… no se para el tiempo.
Lógicamente.
Pero el tiempo sí que se estira y se encoge.
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Puede ser que uno recién llegue de Londres y al día siguiente ya esté estrenando trabajo. Y acabe tan contento y tan cansado que, si escribiese aquí –algo más que un he vuelto- se trataría de un movimiento nada extraño, pero sí forzado.
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Primero hay que hacer otras cosas.
Por ejemplo, primero he tenido que cambiar el idioma del teclado, porque si no lo hubiese hecho, mi precipitación hubiese reestrañado lo extraño, con hache, por ejemplo del ejemplo.
Hay veces que la vida parece que no es repetición en absoluto. Pero las impresiones pasadas modulan estas, las de hoy. Las de ahora cuando releo esta línea y decido que, igual que he tratado de evitar escribir describiendo la actualidad, tampoco voy a dejarme poner gesto trascendente.

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Vuelvo a lo del principio: puede que uno tenga que adaptarse a un nuevo tiempo. Pero es que eso, siempre y ahora, merece la pena.
A todo el que quiera le regalo una cuchillo para, sujetando con la otra mano estos párrafos espesos, cortar daditos.
Y lanzarlos… ¡zops!
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(Aquí iba una canción, pero mi castpot no está de acuerdo)