...que el otro como uno mismo, se ama con todo amor, sin medida -porque el tamaño (para esto) no importa, cuando lo que se tiene entre manos es... a uno mismo-; que comparte su dicha, con fe, con pe; y que se reune para exhibirla, contagiarla, acompasar su ritmo, su pitch, sí, hasta el final del todo y, llegado allí, corre, porque correr sereno con su suerte es su sino, y dejar en los demás la imborrable y alba mácula de la enseñanza, del aprendizaje, del ejemplo, del aguante, tal es su delectación; y es de todo aquello que, en esta época en que la información sobreabunda y va en formatos que trascienden incluso la velocidad del pensamiento, de lo que aboga -y muy bien hace- por la competencia sin competición, por el mar (de cosas, de voces de la conciencia que conforman flujos), por el maratón, la solitaria carrera en compañía; por todos y por cada uno, por lo manual y por lo digital incluso, pero siempre con cariño de amanuense, de artesano, con el alma y el cerebro, con la materia y ¡con toda energía! Ay... amigos, así estoy -y me gustaría ilustrarlo con un afoto, pero carezco; quizá el drulo y sensible Sr. Engelson pueda...-, que estoy así por haber leído una noticia, un notición. Y no puedo ocultarlo, disimularlo siquiera: herman@s, estoy turbado; tan turbado que las palabras me se agolpan -¿o será se-me...?-, circulan ellas, galopan, impregnan, pintan, pesan, pasan y piensan por mí, y se expresan. Denotando -y con nota, por cierto- que es tanta, tanta mi turbación que estoy turbado, más turbado que... ¡Thomas! Oj oj oj oj oj...
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El artículo tiene tela; pero es que lo que yo he escrito hasta aquí...
Ejem. Sin palabras. Stop. Y (más).. ¡Ejem!
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Por cierto, en la página seminal de todo esto, todo un dechado de amor propio, sí que parece que he encontrado la imágen que me faltaba.
Ahí va, para terminar este postnanista: (Y, por favor, no dejéis de visitar la página con los posters pacifistas, a la que accederéis utilizando vuestra mano para pinchar aquí...)
En fin, seguimos igual... ¿alguien ha intentado últimamente colgar un canción vía Castpost? Como esa bendita página me está vetando compartir la banda sonora de esta página de manera simultánea a la presunta lectura, en un formidable ejercicio de inter-activismo informático-musical, me conformo con ir cargando alguna que otra de esas canciones que ofrecer, por medio del tradicional sistema YouSendItiano, o sea, ahí tenéis una de Primal Scream (y no cualquiera) de regalo.
Al ritmo de tal -y tan- obra -importante; cumbre de un momento y un lugar; hablo impreso desvertebrado, en, homenajo, ahora... ¡bien!- iba yo escribiendo (mentalmente) en el metro. Lo de sentarme aquí a teclear para el blog está justificadamente más difícil ahora. ¿Razones? Pues bien, se trata de que tengo hasta las neuronas de reserva reconcentradas en es trabajo nuevo recien estrenado y que ójala pueda seguir estrenando cada día por mucho tiempo. Porque me gusta, me gusta y me gusta mucho de verdad.
Me llevo trabajo a casa y ¡tan contento! Ahora parte de ese trabajo suena en el radiocedé, a mi espalda -algún guitarrazo puede, presumiblemente, esta incluso tratando de acuchillarme; buena ocasión para plantearse poner parqué-. Al margen de los sonidos, o impulsado por ellos, me decido a empezar a mover una importante iniciativa casualmente descubierta en mi inn-constante vagar por La Coctelera.
Por fin uno encuentra proyectos civiles con una vertiente política emocionante, importante, convincente. ¡Ya era hora!
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Y ahora es hora de ¡otra canción!
Esta, de los Cribs.
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Además de todo lo anterior, y de pedir paciencia -que ya tienen bastante- a l@s amables commentaristas, y leyentes en general, que no reciben contestación, he de incluir una importante noticia antes de concluir...
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Y es que no quiero que a nadie con posibilidad de verlo se le pase la oportunidad: a eso de las dos y pico de la madrugada, a modo de celebración del FIB (que hoy empieza; agotadísimas las entradas) y de celebración de afinidades musicales y vitales, alguien ha decidido programar cierto vídeo para su emisión en la MTV española. ¿Cuál?
Pues no hay más que pensar en qué grupo mítico donde los haya actúa en el citado festival, más de 15 años después de la aparición de su disco más reciente. ¿Y por qué?
Porque pueden.
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De otro muy distinto, aquí os pongo el enlace con canción de regalo: empaquetado en un cubículo informático y descollante. Cubicle, de Rinôçérôse.
¡Hala, hala! Todos a pinchar...
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Y a mirar: ¡sí, no me he podido resistir!
Cuando uno deja durante un tiempo de publicar aquí, de comentar, de leer a otros… no se para el tiempo.
Lógicamente.
Pero el tiempo sí que se estira y se encoge.
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Puede ser que uno recién llegue de Londres y al día siguiente ya esté estrenando trabajo. Y acabe tan contento y tan cansado que, si escribiese aquí –algo más que un he vuelto- se trataría de un movimiento nada extraño, pero sí forzado.
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Primero hay que hacer otras cosas.
Por ejemplo, primero he tenido que cambiar el idioma del teclado, porque si no lo hubiese hecho, mi precipitación hubiese reestrañado lo extraño, con hache, por ejemplo del ejemplo.
Hay veces que la vida parece que no es repetición en absoluto. Pero las impresiones pasadas modulan estas, las de hoy. Las de ahora cuando releo esta línea y decido que, igual que he tratado de evitar escribir describiendo la actualidad, tampoco voy a dejarme poner gesto trascendente.
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Vuelvo a lo del principio: puede que uno tenga que adaptarse a un nuevo tiempo. Pero es que eso, siempre y ahora, merece la pena.
A todo el que quiera le regalo una cuchillo para, sujetando con la otra mano estos párrafos espesos, cortar daditos.
Y lanzarlos… ¡zops!
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(Aquí iba una canción, pero mi castpot no está de acuerdo)
Al parecer... los márgenes del mundo son grises. El centro es un punto negro caído sobre una página en blanco. Ni aquí ni allá tiene lugar nunca la siguiente conversación: cuando va uno y dice Hay algo que no entiendo de esta flor y el otro le contesta preguntándole ¿Qué?; No lo sé dice el primero, y añade Pero algo me extraña de esta flor, sí a lo que el otro le replica, inquiriendo Pero ¿el qué?, y contesta aquel No lo sé y pregunta este ¿El color?. Silencio... ¡No! Eso es lo único que no me extraña. Se acabó la conversación. Que sin embargo tuvo lugar. Y tendrá; tendrá tiempo; tendrá...
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Y con cosas como estas, uno va pasando la vida...
;-)
Evidentemente, llevado al extremo, este pseudoargumento que voy a lanzar a continuación podría justificar lo injustificable. En este caso, un desperdicio total de los miles de materiales de dibujo, pintura y escritura que esperan, válidos de solemnidad ellos, no que algún desconocido talento despierte dentro de mí -los útiles citados son, sobre todo, eso... útiles utilitaristas, nada utópicos ni utopistas-, lo que esperan es que me venga el ímpetu definitivo -o sea, duradero- y me ponga a usarlos y no pare, y siga hasta acabarlos; porque los cuadernos aman la fatiga más que yo con mis carreritas. Pero he de decir, no obstante, que seguir con un cuaderno no es lo mismo que empezar un cuaderno, y que a veces se necesita ese comienzo, empezar un cuaderno nuevo y servirse de él como talismán para luchar... ¡Contra las papelerías de Londres!
*** Londres...
*** Volvemos con las papelerías londinenses.
Que me han dicho que son más tremebundas que las sirenas y Circe juntas. En lo de enseñar el muslo y el rotrín, y dejar caer los párpados y los posits de colores, para engatusar al visitante -que, poco después, se ve fuera de la cueva encantada, encantado él con una bolsa llena de felicidadmaterializada en productos de escritorio, y que se sabrá con unos cuantos euros menos (¡¿y qué?!) en cuenta, que no son pauns, que los pauns parecen lliuros, pero cuestan más... como pasó con el euro dichoso y la más económica (y castiza) peseta, vamos-.
Así que he pensado que si me llevo mi cuaderno desde aquí, donde lo he conseguido a un precio más bien competitivo o, al menos (compita o no), más barato; si me llevo mi estupendo cuaderno y los útiles de escritura, podré conjurar (quizá) los encantos de la papelería que me salga al paso, garabateando su fachada y escribiendo al pie cuatro palabras.
O quizá no pueda.
El caso es que son escusas y lo que pasa es que necesitaba un cuaderno nuevo. ¿Por qué? Porque en realidad no lo necesitaba. Y así es: que, que, que; que quería estrenarlo, que me hacía feliz, que las ideas que tenía por la cabeza necesitaban cierto soporte -del que, uno puede pensar, no es más que el equivalente de otro... pero no: no todos valen-. No da igual.
No todos valen. Este. Sí.
Mi yo analógico. Papel.
Y tinta.
Y/o grafito.
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Así es como me preparo (baaastante ¡¡¡nervioso!!!) para lo de Londres. ¿Y lo de despues?
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De momento Londres. Y mi cuaderno.
Y :-)
***** Atención: Como añadido al post, pido ayuda a los lectores concurrentes, especialmente a los que pudieren darme datos fiables sobre el tiempo y el clima, a la sazón, londinenses.
Es para confeccionar el equipaje: ¿qué echo a la maleta, este modelo tan veraniego y desigual? O algo más nocturno y anarcoteatral...